Llegué de Nueva York, todo parecía normal, la ciudad en su sitio, mi piso sucio y vacio… hasta que una serie de acontecimientos empezaron a darle un giro a mi vida. Y todo empezó allí, en el aeropuerto del Prat: se acercó un señor, vestía un smoking, fumaba tabaco de liar, su labio superior se frotaba la espalda con un bigote grande y elegante. Me miró con una seguridad aterradora y me dijo “hola, soy Lag, Jet Lag, y seré tu mosca cojonera durante unos días”.
Y así fue, Jet Lag me ha cambiado la vida, a menudo no sé quién soy ni a qué día estamos. El mundo se ha vuelto loco, los estudiantes ya no protestan por el famoso plan de Bolonia, sino que están radicalmente en contra de la mortadela de Bolonia. Es curios, creía que era la única aprovechable y los inconscientes apoyan la mortadela de olivas sin cesar, “la mortadela sin olivas no vale nada!! Muerte a Bolonia!”. Gente quemando mortadelas… pero esto qué es?

Creo que le quedan dos días al señor Lag, menos mal. Por cierto, Nueva York muy bonito. Es una ciudad tentadora por su calma, su harmonía, su buen clima, su poco ruido… el último edén.
