Octubre 20, 2009...11:54 pm

El sentimiento de culpa de Alfred Nobel

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El 10 de diciembre de 1896 murió Alfred Nobel. Poco antes de enfrentarse a la muerte decidió lapidar su sentimiento de culpa regalando a la prosperidad el testamento que creaba la Fundación Nobel.

Este tío… diríamos que no era un vago:

  • Fundó un establecimiento destinado a la fabricación de torpedos, un astillero, una fundición de hierro y fábricas de armas.
  • Fundó una fábrica de nitroglicerina en Estocolmo y tres años después otras dos, en Winterviken y Kummel del Elba.
  • Realizó estudios sobre la nitroglicerina con el propósito de atenuar su sensibilidad que hacía imposible su uso en forma pura.
  • Hizo posible el uso industrial de la nitroglicerina, convirtiéndose en el creador de la moderna pirotecnia.
  • Introdujo la dinamita en toda Europa y en los Estados Unidos.
  • Creó la gelatina explosiva, llamada también gelatina de Nobel, consistente en una mezcla de nitroglicerina y nitrocelulosa.
  • Obtuvo la patente de un freno automático y de una caldera antiexplosiva, más tarde perfeccionó la concentración de ácido sulfúrico y de aparatos vaporizadores y congeladores.
  • Creó el método para la destilación contínua del petróleo, con el que estableció los fundamentos de la industria petrolera rusa.

Un largo etcétera… no se hizo el sueco, pese a serlo. Yo soy Alfred Nobel y vamos, me lo creo. ”¡Y a este tabaco le llamaremos Nobel!” y todos sus amigos “ah, vale”. El caso es que al querido Alfred le entró un poco de cagalera al darse cuenta de que su obra científica había contribuido a que las guerras fueran cada vez más destructoras. Chato, podrías haberlo pensado antes.

Varias universidades suecas son las responsables de decidir a quién le entregan este cheque de 1 millón de euros cada 10 de diciembre.

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